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| Caballo de Troya. |
El testimonio de la arqueología
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| Troya Distribución Geográfica |
Una expedicion pequeñísima…
Lo seguro es que la Troya de Homero no tiene nada que ver con la pobre aldea descubierta sobre la costa turca. Además, la destrucción de la ciudad troyana no corresponde cronológicamente al período de grandeza de los palacios micénicos. Finalmente, los vestigios de éstos no se parecen a las descripciones que hace Homero. ¿Habría que concluir que los relatos homéricos no tienen ninguna realidad histórica y que la famosa guerra no existió? Un gran historiador, M. I. Finley, hizo avanzar el debate en un sentido determinante.
En su obra El Mundo de Ulises, afirma que no es ni en el mundo micénico (siglo XIII) ni en el de las ciudades del período arcaico (siglos VIIIVI) donde hay que buscar la inspiración o el modelo homérico. La sociedad descrita en La Ilíada y La Odisea sería la de los tiempos oscuros de la historia griega, el período que separa la caída de Micenas del nacimiento de las ciudadesestado. Los investigadores de hoy van más lejos y distinguen tres niveles de lectura en los textos homéricos. Por una parte, se trata de una obra poética de ficción que escapa por esta razón a la interpretación histórica. Por otra parte, el aedo se refiere efectivamente a tiempos míticos lejanos, los de la edad de oro del poderío micénico. Pero los detalles de la sociedad que describe es este el tercer nivel de lectura posible son en realidad los de su tiempo.
Así, si en verdad hubo una expedición helénica en Asia, seguramente no fue de la amplitud de la legendaria guerra de Troya: pero el alcance y la importancia del suceso fueron magnificados posteriormente. Quizás justamente, como lo decía Tucídides, porque esta empresa fue una acción en común de los griegos contra otro pueblo.
El sitio de Troya
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| Troya Rapto de Helena |
‘(…) Cada cual mandó entonces a su auriga que tuviera dispuestos el carro y los corceles junto al foso; salieron todos a pie y armados, y levantándose un inmenso vocerío antes que la aurora despuntara. Delante del foso ordenáronse los infantes y a éstos siguieron de cerca los que combatían en carros. Y el Cronida promovió entre ellos funesto tumulto y dejó caer desde el éter sanguinoso rocío, porque había de precipitar al Hades a muchas y valerosas almas. Los teucros pusiéronse también en orden de batalla en una eminencia de la llanura, alrededor del gran Héctor (…). Armado de un escudo liso, (Héctor) llegó con los primeros combatientes. Cual astro funesto, que unas veces brilla en el cielo y otras se oculta detrás de las pardas nubes, así Héctor, ya aparecía entre los delanteros, ya se mostraba entre los últimos, siempre dando órdenes y brillando como el relámpago del padre Zeus, que lleva la égida (…) (…) Agamenón, que fue el primero en arrojarse a ellas (lasfalanges teucras), (…) mató a Oileo (…). Este se había apeado del carro para sostener el encuentro, pero elAtrida le hundió en la frente la aguzada pica, que atravesó el casco a pesar de ser de duro bronce y el hueso, conmovióle el cerebro y postró al guerrero cuando contra aquél arremetía…» Homero, La Ilíada, canto XI.
La posteridad literaria de la guerra de Troya
Los héroes de la guerra de Troya sirvieron de modelos y de inspiración a numerosas obras.
El teatro antiguo.
Los trágicos griegos, Esquilo, Sófocles y Eurípides, trataron a los personajes y los episodios de manera muy personal. Así, tanto la partida del ejército aqueo hacia Troya y ía inmolación de la hija del rey Agamenón, Ifigenia, que permitió a la flota obtener vientos favorables, como el regreso de Agamenón, después de diez años de guerra y su asesinato por su esposa Clitemnestra, tienen versiones muy diversas.
El teatro clásico francés.Numerosos escritores del siglo XVII retoman los temas desarrollados por las tragedias griegas. Jean Racine consagró una obra a la difícil partida de la expedición contra Troya: Ifigenia. Se dedica al personaje de Agamenón, obligado a escoger entre su hija y la continuación de una guerra que él mismo suscitó. Los deberes del rey prevalecen sobre sus sentimientos de padre, y Agamenón acepta el sacrificio de su hija.
En el siglo XX. Algunos grandes autores utilizaron estos mitos antiguos para expresar sentimientos absolutamente contemporáneos.
Cuando Jean Giraudoux publica La guerra de Troya no tendrá lugar, Francia está en vísperas de la Segunda Guerra Mundial y la obra expresa las inquietudes y los debates que agitan a la opinión pública de la época. Asimismo, en plena Ocupación, JeanPaul Sartre escribe Las Moscas, una obra que pone en escena el regreso de Orestes, hijo de Agamenón, venido para vengar a su padre, asesinado por los que se apoderaron del trono y «ocupan» Micenas: Clitemnestra y su amante Egisto.



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